Está previsto que el príncipe William y Kate Middleton visiten Estados Unidos en julio para conmemorar el 250 aniversario de la Declaración de Independencia, una medida que está intensificando el escrutinio sobre el actual distanciamiento entre William y su hermano, el príncipe Harry. Mientras Estados Unidos se prepara para grandes celebraciones en 2026, la presencia de la familia real genera dudas sobre si una reunión con Harry y Meghan Markle está en el horizonte.
El escenario improbable de la reunión
Según las fuentes, es poco probable que Harry y Meghan reciban invitaciones oficiales a celebraciones en Estados Unidos, ya que ya no son miembros activos de la familia real. Cualquier inclusión dependería enteramente de la decisión de la propia familia real. A pesar de la proximidad geográfica (un vuelo de cinco horas desde Los Ángeles a Washington D.C.), las relaciones entre los hermanos siguen siendo tensas, y los informes sugieren que no han hablado desde el funeral de la reina Isabel II.
Una disputa arraigada en la historia
La animosidad entre William y Harry es anterior a la entrada de Meghan Markle a la familia, y las tensiones comenzaron a hervir ya en 2010. Un punto clave fue la decisión de regalar el icónico anillo de zafiro de la princesa Diana a Kate Middleton tras el compromiso de William. Más tarde, Harry reveló en sus memorias, Spare, que había albergado resentimiento por no haber heredado el anillo, un símbolo del legado de su madre. Las fuentes afirman que este momento fue un punto de ruptura para los hermanos.
Lazos diplomáticos y encuentros incómodos
En la próxima visita también es posible que el Príncipe William y Kate Middleton interactúen con figuras políticas controvertidas como Donald Trump, quien anteriormente hizo comentarios sobre la apariencia de Kate que supuestamente fueron incómodos para ella. La familia real es conocida por priorizar el deber sobre el malestar personal, lo que sugiere que tales interacciones se consideran parte de sus responsabilidades diplomáticas.
La visita subraya la compleja dinámica entre las relaciones personales y las exigencias del deber real, con las celebraciones en Estados Unidos como telón de fondo para tensiones familiares no resueltas.
La brecha entre William y Harry sigue siendo una narrativa central en los asuntos reales, y es poco probable que la visita de Estados Unidos cierre la brecha sin un esfuerzo deliberado de ambas partes. Es probable que la atención se mantenga en los compromisos diplomáticos más que en la reconciliación personal, dadas las presiones políticas y familiares en juego.
