Dos patinadoras de velocidad estadounidenses, Brittany Bowe y Erin Jackson, terminaron apenas por debajo del podio en la carrera femenina de 1.000 metros en los recientes Juegos Olímpicos, pero sus reflexiones no se centran en las medallas perdidas, sino en las marcas personales y el significado más profundo de la competencia. Ambos deportistas expresaron un inmenso agradecimiento por la oportunidad de competir a este nivel, con su familia presente, y por el crecimiento que han experimentado a lo largo de sus carreras.
La carrera más fuerte de Jackson hasta el momento
Erin Jackson, de 33 años, patinó su segundo tiempo más rápido en 1000 metros, marcando una mejora significativa con respecto a Juegos Olímpicos anteriores donde ni siquiera compitió en este evento. Si bien una medalla hubiera sido bienvenida, Jackson se describió a sí misma como “súper entusiasmada” con la actuación. Destacó el respeto que tiene por la distancia y su dedicación por mejorar, reconociendo que esta carrera fue un gran paso adelante. Su próximo objetivo es la recuperación antes de volver a entrenar.
La última temporada olímpica de Bowe
Brittany Bowe, de 37 años, poseedora del récord mundial de 1.000 metros, terminó cuarta, una posición notoriamente difícil en los Juegos Olímpicos. A pesar de haber estado a punto de fallar, Bowe destacó el honor de competir contra atletas de élite. Encontró esta experiencia más satisfactoria emocionalmente que sus medallas anteriores, particularmente con su familia en las gradas después de su ausencia en los Juegos de Beijing 2022. Bowe, quien anunció que estos serán sus últimos Juegos Olímpicos, expresó su orgullo por la mujer que el deporte la ha ayudado a convertirse.
La presencia de sus seres queridos amplificó claramente la importancia de esta carrera para Bowe, quien anteriormente consideraba que ganar sin ellos en las gradas era “bastante vacío”. Esto subraya cómo las conexiones personales pueden elevar los logros deportivos más allá del mero desempeño.
Una amistad que dura décadas
El vínculo entre Bowe y Jackson es profundo y se remonta a sus días de infancia en una pista de patinaje en Florida. Su amistad se solidificó cuando Bowe cedió desinteresadamente su lugar en la carrera de 500 metros en las Pruebas Olímpicas de 2022 para permitir que Jackson compitiera. Este gesto habla de un respeto mutuo que trasciende la competencia.
Este acto es significativo porque demuestra un nivel de deportividad rara vez visto en la competencia de élite, donde los atletas a menudo priorizan el avance personal.
Bowe sigue siendo optimista sobre el futuro de Jackson y predice que competirá por una medalla en la prueba de 1.000 metros en futuros Juegos. La propia Bowe seguirá compitiendo en los 1.500 metros y en persecución por equipos, su prueba favorita, buscando la alegría única que conlleva el logro colectivo.
“Si bien es increíble estar ahí afuera y correr solo, ganar, perder o empatar, nadie siente las mismas emociones que tú sientes [como parte de un equipo]”.
En última instancia, las reflexiones de estos patinadores trascienden los meros resultados. Enfatizan la gratitud, el crecimiento personal y el poder duradero de la conexión humana en la búsqueda de la excelencia atlética.































