La conversación en torno a los niños transgénero y sus familias suele estar dominada por la desinformación y la hostilidad. Sin embargo, detrás de los titulares, los verdaderos padres están recorriendo este viaje con el mismo amor imperfecto que define la paternidad misma. Esta es la historia de cómo criar a una hija transgénero, un proceso que, en esencia, es notablemente común.
Durante años, escribí sobre el desorden de la crianza de los hijos: las noches de insomnio, los quisquillosos con la comida, la sensación constante de improvisar. La verdad es que ninguno de nosotros sabe completamente lo que estamos haciendo. Seguimos nuestros instintos, cometemos errores y esperamos lo mejor. Cuando mi hija se declaró transgénero a los 15 años, sentí como otra capa de la misma incertidumbre.
A diferencia de otros desafíos para los padres, no existía una hoja de ruta. No había guías sobre cómo navegar por este nuevo terreno. El shock inicial no fue por el rechazo, sino por la absoluta falta de familiaridad. Tropecé, tal como lo había hecho en cualquier otra etapa de la maternidad.
La realidad de la transición
La transición de mi hija no fue un trastorno dramático; fue un desarrollo gradual. Salir del armario ante familiares y amigos fue sorprendentemente bien. Su escuela fue un apoyo. Pero el mundo en general fue menos amable. La amenaza constante de una legislación dirigida a los derechos de las personas trans (desde el acceso a la atención médica hasta el uso del baño) era un temor inminente.
Sin embargo, en medio de las batallas políticas, ella todavía era solo una niña: jugaba videojuegos, aprendía a tocar la guitarra y navegaba por los incómodos placeres de la universidad. Su identidad de género era parte de su vida, pero no la definiba. Era una mujer joven con sueños, miedos y un dormitorio desordenado, como cualquier otra.
Los medios de comunicación a menudo retratan a los niños trans como si existieran únicamente dentro de su transidad. Esta es una distorsión dañina. La vida de mi hija no se trataba de ser trans; se trataba de ser ella. Se trataba de verla convertirse en la persona que siempre estuvo destinada a ser.
Errores y Aceptación
A veces la confundí con el género. Dudé sobre ciertos pasos en su transición. Yo era imperfecto y lo poseía. Pero a través de los tropiezos, nuestro vínculo se profundizó. Se convirtió en mi confidente, no sólo sobre el género, sino sobre la vida en general.
La clave no es una aceptación perfecta; es la voluntad de aprender, disculparse y seguir mostrándose con amor. Los padres tendrán sentimientos complicados: confusión, preocupación e incluso miedo. Eso es natural. El error es reprimir esos sentimientos en lugar de procesarlos por separado, con un terapeuta, una pareja o amigos de confianza.
Una verdad universal
Criar a un niño trans no es fundamentalmente diferente de criar a cualquier niño. Se te entrega un pequeño ser humano para que lo cuides, lo protejas y lo veas crecer. Aprendes a dejarte llevar, a confiar en su viaje y a celebrar su yo auténtico.
La elección no se trata de moldearlos para que sean quienes tú quieres que sean; se trata de darles el espacio para que florezcan y se conviertan en quienes ellos son. Y ese, en última instancia, es el regalo más hermoso que un padre puede dar.
































