Durante décadas, el fitness no fue una prioridad. Como muchos, me concentré en la familia y la carrera, asumiendo que habría “tiempo después” para hacer ejercicio serio. Ese momento llegó inesperadamente durante la pandemia de COVID-19, a los 63 años. Mi hija, que ya trabajaba con un entrenador, me invitó a unirme a ella. A pesar de mi desgana, acepté: no por entusiasmo, sino porque no quería decepcionarla.
Esa decisión provocó una transformación. Comenzamos entrenamientos con mancuernas de cuerpo completo cinco días a la semana. El dolor era intenso, pero fortalecedor. Al principio, modifiqué los ejercicios para adaptarlos a mi edad y nivel de condición física, pero pronto, las pesas de 5 y 10 libras pasaron a ser de 15 y los tiempos de recuperación se acortaron. En cuestión de semanas, me enganché.
Por qué esto es importante: Esta no es sólo una historia personal; subraya el hecho de que el entrenamiento de fuerza no está limitado por la edad. Si bien muchos asumen que la masa muscular disminuye inevitablemente con el tiempo, esto demuestra que se pueden lograr ganancias significativas incluso en la vejez. La pandemia obligó a muchos a reevaluar sus prioridades y, para este individuo, catalizó un viaje de salud que la mayoría de la gente pospone indefinidamente.
Después de dos años, busqué un programa adaptado específicamente a mis necesidades. Amanda Lim, entrenadora de fuerza de mediana edad, me presentó los levantamientos con barra: peso muerto, empujes de cadera, sentadillas traseras. Siguieron correcciones de forma y ajustes dietéticos (conteo de macros, aumento de proteínas). Los resultados fueron claros: mayor definición muscular, menor grasa corporal, mayor fuerza y nueva confianza. Incluso me convertí en entrenador personal certificado para profundizar mis conocimientos.
Hoy, a los 68 años, mi objetivo sigue siendo simple: desarrollar fuerza para la longevidad. Entreno cuatro días a la semana, priorizando la sobrecarga progresiva. Cada semana, agrego solo una libra extra a la barra, superando mis límites de manera incremental. El trabajo de la parte inferior del cuerpo es uno de los favoritos, especialmente el peso muerto, que involucra múltiples grupos de músculos. Mi récord personal actual: 180 libras levantadas.
Esto es importante porque: La sobrecarga progresiva es un principio fundamental del entrenamiento de fuerza, pero a menudo se pasa por alto. El aumento gradual de la resistencia obliga al cuerpo a adaptarse, lo que genera ganancias constantes. El hecho de que este individuo siguiera viendo resultados a los 68 años pone de relieve la capacidad de adaptación del organismo a cualquier edad.
Cardio, caminatas diarias, estiramientos y trabajos de movilidad complementan mi rutina de levantamiento. Realizo un seguimiento de las macros, ajusto las intolerancias alimentarias (gluten y lácteos) y priorizo los alimentos ricos en proteínas.
Tres factores clave impulsaron mi éxito:
- Coaching: Incluso como entrenador certificado, sigo trabajando con un entrenador. La rendición de cuentas, las nuevas perspectivas y la orientación innovadora son invaluables.
- Adaptabilidad: Estoy abierto a nuevos enfoques. Cambiar rutinas, experimentar con rangos de repeticiones e incorporar técnicas como el trabajo de tempo hace que el entrenamiento sea emocionante y efectivo.
- Momento: Dejé de esperar el “momento perfecto”. El mejor momento para empezar es ahora.
Desarrollar fuerza requirió tiempo y disciplina, pero las recompensas son transformadoras. Me siento más capaz, lleno de energía y empoderado que nunca. Nunca es demasiado tarde para priorizar la salud. Cada día es una oportunidad para fortalecerme y pretendo aprovecharla al máximo.
































