El consumo de carne está relacionado con un menor riesgo de demencia en grupos genéticos específicos

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Una nueva investigación sugiere una conexión sorprendente entre el consumo de carne y la salud cognitiva: un mayor consumo puede reducir el riesgo de demencia… pero sólo para personas con predisposiciones genéticas específicas. Este hallazgo complica las recomendaciones dietéticas existentes, que generalmente aconsejan limitar la carne debido a su relación con enfermedades cardíacas, diabetes y cáncer.

El factor genético: genotipos APOE

El estudio, publicado en JAMA Network Open, analizó 15 años de datos de más de 2.100 adultos mayores en Suecia. Los investigadores encontraron que las personas portadoras de las variantes genéticas APOE 3/4 o APOE 4/4 (aproximadamente el 25% de los estadounidenses) experimentaban más del doble de riesgo de demencia si comían menos de 7 onzas de carne por semana. Por el contrario, aquellos con estos genotipos que consumieron cantidades mayores (más de 30 onzas por semana) no mostraron ese mayor riesgo.

¿Por qué es importante esto? El gen APOE desempeña un papel fundamental en la enfermedad de Alzheimer; la mayoría de los pacientes portan el genotipo APOE 3/4 o 4/4. Esto sugiere un vínculo evolutivo, como señala el investigador principal Jakob Norgren: “APOE4 es la variante evolutivamente más antigua… y puede haber surgido cuando nuestros antepasados ​​comían una dieta más basada en animales”.

Carne procesada versus carne sin procesar

El estudio aclara que no es cualquier carne la que ofrece este beneficio potencial. Si bien la carne roja procesada (tocino, salchichas, fiambres) sigue vinculada a un mayor riesgo de demencia, la carne roja no procesada (carne de res, cerdo, pollo, pescado) parece protectora para aquellos con los genotipos APOE 3/4 o 4/4.

Lo que dicen los médicos: precaución y más investigaciones

Los neurólogos enfatizan que estos hallazgos son preliminares y no deberían provocar cambios dietéticos generalizados. Las pruebas de genotipos APOE no son una práctica estándar, lo que dificulta la aplicación clínica de los resultados. Expertos como Aviva Lubin, MD, señalan que esta investigación “podría complementar nuestros planes de tratamiento” si se generaliza, pero se necesitan más estudios. Clifford Segil, DO, recomienda seguir priorizando el pescado y las aves sobre las carnes rojas, ya que esos beneficios están bien establecidos.

“En última instancia, es necesario realizar más investigaciones antes de que los médicos recomienden que los pacientes comiencen a comer carne para reducir el riesgo de demencia”.

El estudio destaca la compleja interacción entre la genética, la dieta y la salud cognitiva. Si bien esta investigación ofrece una nueva perspectiva, subraya la necesidad de recomendaciones dietéticas personalizadas basadas en factores de riesgo genéticos individuales.