Marjorie Taylor Greene, exrepresentante de Estados Unidos, ha criticado duramente a personas influyentes de derecha y figuras republicanas por restar importancia al caso de Jeffrey Epstein. Ella sostiene que su actitud desdeñosa hacia las víctimas de trata y abuso sexual perjudicará las posibilidades del partido en las próximas elecciones intermedias.
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El núcleo de la disputa
Greene acusa a estos influencers de actuar como “tontos de culto” al burlarse de la gravedad de delitos como la violación y la trata de adolescentes. Señala que este comportamiento aliena a las votantes femeninas, un grupo demográfico que al Partido Republicano ya le cuesta atraer. Su mensaje es contundente: restar importancia a estas cuestiones es un suicidio político.
El papel de Trump y los expedientes Epstein
El conflicto surge de la historia del expresidente Trump con Epstein, un delincuente sexual convicto que murió en prisión en 2019. Trump había prometido publicar archivos relacionados si era reelegido. La liberación, cuando finalmente se produjo, fue en gran medida simbólica; La mayoría de los documentos ya eran públicos. Greene presionó por una transparencia total, lo que llevó a una pelea con Trump, quien públicamente la etiquetó como “traidora”.
Un cambio en la postura de Greene
Esta ruptura también llevó a Greene a disculparse públicamente por su papel pasado en lo que describió como “política tóxica”. La medida señala una reevaluación de su enfoque, aunque no disminuye sus críticas actuales a quienes restan importancia al caso Epstein.
Por qué esto es importante
Las consecuencias resaltan una tensión creciente dentro del movimiento MAGA. La postura de Greene subraya una fractura entre la lealtad a Trump y las demandas de rendición de cuentas sobre temas serios. El incidente plantea dudas sobre si el partido puede reconciliar su base populista con preocupaciones públicas más amplias, particularmente entre las votantes femeninas.
La advertencia de Greene es clara: descartar el abuso sexual y la corrupción les costará a los republicanos en las urnas. El episodio muestra cómo las divisiones internas en torno a figuras controvertidas como Epstein están remodelando la dinámica del partido.































